Esta semana, (Sir) Jony y Sama(ltman) entraron a un bar, con (mucho) dinero, ideas y (buenas) intenciones bajo el brazo. Léase: las intenciones son poner a disposición del público dispositivos que muevan a los usuarios a usar inteligencia artificial más allá del smartphone, incorporándola en su vida diaria.
No quiero arrancar esto negando que OpenAI — y el resto de los actores del ecosistema, como Anthropic, Perplexity y los esfuerzos de Google y Microsoft – sí han logrado mover la aguja en cuanto a las capacidades de los modelos extensos de lenguaje. Pero no ha pasado ni un año desde el fracaso del AI Pin de Humane, creado por dos exveteranos de Apple (dirección del desarrollo de iOS y macOS de un lado, y dirección de interfaz humana, bajo Ive, del otro): un dispositivo que prometió revolucionar nuestra interacción con la tecnología, pero terminó siendo más un experimento carísimo que una solución para interactuar con la IA fuera del smartphone. La lección estaba clara: no basta con generar expectativa y diseño llamativo si no se atienden necesidades reales.
Yo sé. Jony Ive. Sam Altman. OpenAI. Nombres muy atractivos tras una narrativa que, hoy, no tiene una dirección clara.
Entonces, de buenas a primeras, me cuesta creer — POR AHORA, así, con letra grande – que exista espacio real para otro accesorio tecnológico que aspire a reemplazar al smartphone, especialmente considerando lo profundamente integrados que están estos dispositivos en nuestra vida diaria. El Apple Watch cumplió una década siendo una microcomputadora para la muñeca; a 2030 tendremos audífonos inalámbricos ¡con cámaras! que seguramente tendrán apoyo de inteligencia artificial en sus funciones extendidas. ¿Es necesaria una nueva categoría de hardware injustificada por una necesidad que, por ahora, es solo hype?
Además, al igual que otros dispositivos recientes — como los Ray-Ban Meta, o el mismo AI Pin – el producto que generen OpenAI e Ive probablemente será inaccesible para el público masivo (hola, hablo de ti y de mi) a nivel global. ¿Cómo espera Sam Altman alcanzar su meta de despachar 100 millones de unidades, si los lentes de realidad mixta de Meta ya cuestan casi el equivalente a un sueldo mínimo mensual en Latinoamérica, y especialmente considerando las tensiones geopolíticas y económicas generadas por el gobierno estadounidense, que complican aún más el comercio y cadenas de producción y distribución globales? Y ni hablemos del impacto colateral en nuestros ecosistemas.
Yo sé. Jony Ive. Sam Altman. OpenAI. Nombres muy atractivos tras una narrativa que, hoy, no tiene una dirección clara. Espero equivocarme, pero quiero ver señales más claras para aventurarme a creer en otro dispositivo hermoso — pero inaccesible, y peor aún, inútil.