Fin de semana. Paso por Ópticas Lux — la socia de Ray-Ban | Meta en México y Latinoamérica – buscando lentes graduados; corte a la escena que me voló la cabeza… tres clientes de 55+ años (dos mujeres, un hombre) salieron felices con sus Ray-Ban Meta de realidad mixta.
El prejuicio: son boomers, viven en WhatsApp, todavía abren la “Blue App” y miran Instagram de reojo porque ahí están sus nietos. Cero influencers, cero reels, cero FOMO y mucho slop generado con IA… y resulta que un gadget pensado para la generación Z y los millennials tiene un nicho en un segmento que Meta jamás pintó en sus pitch decks. La IA conversacional entra por los ojos… y más aún, por la conveniencia para muchos quienes no ven sus vulnerabilidades, sino sólo beneficios (vuelvo al AI slop que generan y consumen).
¿Las ventajas? Primero, van a poder tomar fotos, videos y usar Meta AI a manos libres, sin pelear con las interfaces a veces muy complejas de un teléfono con pantalla pequeña, y eso hace que cualquier elemento “físico” que simplifique mandar una foto o una nota de voz se pague solo (sin mencionar que además tienen sonido vía coclear). Y segundo, el que sean unos Ray-Ban les baja a los adultos mayores la ansiedad tecnológica y también legitima ese gasto, superior a un sueldo mínimo mensual en México.
En 2023, en un memo interno de Meta se apuntaba al 10% de uso mensual; al cierre de 2024, EssilorLuxottica ya presume 2 millones de unidades, y apunta a 10 millones en 2026. Quizá, en una de esas, la próxima ola de usuarios de tecnología vestible en Latinoamérica no sea detonada por los early adopters, sino por quienes busquen el apoyo de una tecnología “invisible” que les resuelva el día a día. Y ya están en eso.